Apodado por la revista Bourgogne Aujourd’hui como “Monsieur Côte du Py”, Jean-Marc Burgaud es uno de los productores más respetados del Beaujolais. Su bodega homónima, situada en Morgon, cuenta con 18 hectáreas de viñedos repartidos entre tres denominaciones, con el corazón de la propiedad en la célebre Côte du Py, donde posee siete hectáreas —4,5 de ellas en la cima de la colina— plantadas entre 1940 y 1974 mediante selección masal (como no). Las viñas, conducidas en vaso y de alta densidad, reflejan la convicción de Jean-Marc de que “el Gamay necesita densidad para moderar su vigor natural”.
Desde sus inicios, Jean-Marc ha trabajado exclusivamente con uvas propias, cultivadas y vinificadas con una precisión artesanal. Fiel a lo que él llama “la verdadera vinificación beaujolaise”, sus vinos destacan por su pureza y energía, y han sido descritos por Neal Martin (Vinous.com) como “la obra de un maestro de la Côte du Py, capaz de evocar en ocasiones matices casi borgoñones”.
Originario de Lantignié, donde cultiva 4,5 hectáreas de Beaujolais-Latignié, Jean-Marc amplió su horizonte vitícola tras casarse con Christine, originaria de Morgon, de cuya familia heredó los viñedos que hoy conforman el núcleo del domaine. “Mi padre siempre decía que Lantignié producía el mejor Beaujolais, pero fue una vieja botella de Côte du Py abierta por el padre de Christine la que me reveló el verdadero potencial de esta tierra”, recuerda.
En bodega, Jean-Marc combina intuición y experiencia. No hay fórmulas fijas, sino cata diaria y decisiones basadas en el gusto y el equilibrio. Todas sus fermentaciones se realizan con racimo entero —salvo un pequeño porcentaje en “Les Grands Cras” que se despalilla— a temperaturas moderadas y con un único remontado diario. La maceración varía entre siete y quince días según la cuvée, sin maceración prefermentativa, para preservar la pureza del fruto y la textura de los taninos.
Su Beaujolais-Lantignié es un ejemplo de precisión y equilibrio, con fruta roja fresca, estructura y una elegancia que rivaliza con vinos de mayor rango. “Hay que juzgar un domaine por su vino de entrada”, afirma Burgaud. En Morgon, “Les Charmes” muestra la profundidad del granito, con fruta oscura y taninos firmes; mientras que su nuevo Morgon Corcelette – La Roche Pilée, plantado en 1932 y 1970 sobre suelos de granito rosado y piedra, ofrece una expresión más delicada y floral.
El Morgon Côte du Py, emblema de la casa, se cría en depósitos de hormigón —“el Gamay no se lleva bien con la madera”, explica— y refleja la singularidad del suelo de roca azul descompuesta que da estructura y longevidad a los mejores Morgon. La combinación de las laderas soleadas y las parcelas en el altiplano confiere al vino una tensión y elegancia únicas.